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Miércoles, 10 Febrero 2016 18:47

Justicia Internacional: ¿en la búsqueda del eslabón perdido?

Justicia Internacional: ¿en la búsqueda del eslabón perdido?
El paradigma sobre la justicia internacional que impera en el mundo ha sido destronado por un criterio diferente y antagónico incluso: quien posea el poder para implementar sus propios proyectos será el que determine la categoría de justicia, independientemente de lo falso o verdadero de sus propósitos.

En este sentido, la realidad objetiva es la que determina la transparencia y justeza en lo actuado.

La justicia internacional significaría la defensa inclaudicable de la soberanía, de la paz, de un modelo social que beneficie realmente a los ciudadanos, de un fortalecimiento de la seguridad alimentaria propiciando economías solidarias, oponiéndose y castigando aquellos gobiernos que, utilizando su fuerza, intervinieran en otras naciones bajo supuestos de la democracia y con el fin de expoliarlas. Una sanción justa podría iniciar por declarar a éstos sujetos a un control global de su armamento, deteniendo a los instigadores y dando una sanción ejemplar, especialmente a aquellos que han avalado procesos degenerativos. Así mismo, una organización respetable, conformada por pensadores con fundamentación humana y espiritual, cuya cosmovisión estuviera ligada al concepto de equidad, razonamiento lógico y sustento investigativo, podría ejercer una autoridad respetada por quienes aspiran a la democracia real.

Lo cierto es que la multitud de casos en que la aplicación de la segunda norma se ha hecho efectiva, negando la justicia, es evidente, confirmando lo dicho.

La situación de Irán es uno de los hechos más emblemáticos pues durante medio siglo ha sufrido coacción, embargos, ataques, basado tanto en ser supuestamente un Estado terrorista, luego un peligro para la seguridad del mundo y finalmente un detentor de energía nuclear presta a descargarse sobre el planeta. Luego de demostrarse la hipostasía respecto a estas acusaciones, con un saldo incalculable de perjuicios a su pueblo, ha sido descubierto que nada de ello era tal y que todo fue un simple “malentendido”.

De ese modo se entiende que las potencias que ocasionaron dicha destrucción social (y sus aliados), hoy no propongan compensación por lo acaecido, por las muertes, guerras, desaliento, desesperanza, que provocaron en una nación. Es decir, aquí no se aplica de ningún modo la denominada justicia internacional sino que los reconocimientos a un país son producto de su propia lucha. Afortunadamente, pese a esa debacle programada, hoy la nación persa es uno de los baluartes para estabilizar la región y consolidar una paz sostenida.

La situación de Siria (e Irak obviamente), donde en su territorio se encuentran afincadas fuerzas foráneas sin permiso del gobierno legalmente elegido, con las amenazas de países vecinos en cuanto a internar cada vez con mayor intensidad sus fuerzas armadas a este territorio (con el objetivo de defender fronteras o eliminar a un supuesto enemigo), el ataque directo a cuerpos militares nacionales cuando están derrotando al invasor, entre otras acciones, demuestra claramente que la justicia internacional es simplemente un ardid mencionado por la Corporatocracia con el fin de intervenir sin ser sancionado, logrando sus propios anhelos. El objetivo de dividir a ambas naciones indica claramente que la sana justeza no está presente.

El caso latinoamericano de Cuba y Argentina, ambos con permanencia total y absoluta en su territorio de fuerzas extranjeras que consideran suyo dicho espacio, basados en una política colonial, confirma la violación de las normas de derecho mínimo cuales son aquellas que dan a un país su propia administración legítima.

Pueden mencionarse otros casos como las dictaduras en América, la exclusión de Palestina, el deterioro físico y mortal de la población yemení, la segregación del Donbás en Ucrania, el rechazo a los inmigrantes en Europa, las masacres en Africa y su explotación persistente, la persecución a Corea del Norte, sin contar con el grave apoyo directo de potencias a Daesh para que haga el papel predeterminado como actor del “caos controlado” en Medio Oriente.

La conclusión es precisa: hoy día existen dos polos definidos, donde un sector está dispuesto a utilizar la bomba nuclear, la guerra, la amenaza, el soborno, la desestabilización económica, la guerra mediática, como sus armas predilectas para conseguir sus deseos, aún los más oscuros, frente a otro sector que considera a la soberanía y autodeterminación de las naciones una línea roja insalvable, que no puede ser sobrepasada, so pena de derribar un principio fundamental de la existencia humana: el derecho de toda nación y sus pueblos a vivir en condiciones de humanidad.

Lo peligroso es que la única posibilidad para un mundo democrático amenazado por potencias coloniales es no sólo defenderse sino que prepararse para contestar las agresiones y, de ser pertinente, adelantarse a éstas generando pánico a su agresor para que, dada su cobardía, se resista a seguir causando desgracias a este planeta que es la única casa del ser humano.

Una tarea difícil aunque puede ser tenida en cuenta es lograr que los organismos de seguridad en el mundo sean dirigidos por gente ligada a la fraternidad, el diálogo, la convivencia pacífica, lo que implica grandes esfuerzos dada la oposición férrea que hacen dichos sectores reaccionarios por permaneces en los cargos directivos lo que les permite utilizarlos a su acomodo.

Por tanto, la Justicia Internacional únicamente puede darse en la medida que los países con visión soberana consoliden sus propias organizaciones de defensa de la equidad y la paz, intentando concientizar a los gobiernos conservadores neoliberales que el destino del planeta debe ser orientado en conjunto y siempre en beneficio de la persona como la fuente de desarrollo de la tolerancia y la equicracia. Es el camino posible.

Escrito por Carlos Santa María

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