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Miércoles, 13 Enero 2016 18:57

Venezuela; El saber administrar los resultados

Venezuela; El saber administrar los resultados
La importancia de los resultados del proceso electoral del pasado 6 de diciembre en Venezuela, tanto desde el punto de vista interno como desde la perspectiva regional, es bien sabida por todos.



El resultado desfavorable de la Revolución Bolivariana en las recientes elecciones parlamentarias le otorgó la victoria número dos a la oposición desde 1998 hasta la fecha. Más allá de la importancia del parlamento en el sistema político de Venezuela, por ser el ente legislador por una parte y por el papel directo que ejerce en la designación de altos cargos en la estructura del Estado por otra, lo que le daba una mayor categoría a este proceso era la necesidad que tenían, tanto el Gobierno presidido por Nicolás Maduro como la oposición, a la victoria en aras de consolidar su posición en el país. El triunfo del Gobierno habría convencido a la oposición de que la vuelta al poder no tendía salidas democráticas, lo que habría acabado, como mínimo, con la esperanza de sus seguidores. En dicho escenario el Gobierno también avanzaría en unos programas ya conocidos y no le preocuparía los posteriores movimientos de la oposición en el marco de los mecanismos previstos en la Constitución.

Una vez anunciados oficialmente los resultados, el Gobierno de Venezuela afirmó que recibía este varapalo electoral ya que no había podido con la “guerra económica”. No existe ninguna duda que dicho escenario, plasmado en el precio galáctico del dólar en el mercado paralelo y las largas colas para comprar insumos con el precio controlado como los factores internos y la fuerte caída del precio del crudo como su factor externo, han tenido mucho que ver con el “voto de castigo” al partido oficialistas por parte de de una mayoría que ha estado apoyando la revolución durante los últimos 17 años. Aun así, no hacerse la autocrítica o dejar de estudiar posibles factores como la mala gestión de la situación, no significaría más que engañarse a sí mismo. Finalmente, tal como advertían incluso analistas de las propias filas revolucionarias, la oposición conquistó la mayoría de los votos para volver a ocupar una de las instituciones más importantes del país tras 3 períodos quinquenales consecutivos.

Para intentar prever el destino del proceso electoral en Venezuela, hace falta un estudio concreto de la situación actual de ambos actores, es decir el Gobierno y la oposición. El éxito final del dicho proceso para cualquiera de las partes, reside en saber administrar los resultados.

 La oposición, alejada del control de las principales instituciones del país durante los últimos 17 años por mecanismos electorales, tiene que saber claramente que perder la oportunidad conseguida de cualquier forma, le devolvería al ritmo descendiente de los tiempos pasados. La oposición que tiene atribuidas acciones como un golpe de estado contra Hugo Chávez, los sabotajes petroleros y la violencia callejera, ha de entender que al recurrir a métodos probados mediante exigencias más allá de los previstos constitucionales o no pensar en un inmediato remedio para la división interna que le ha caracterizado en estos años, podría correr el peligro de abandonar muy pronto la primera línea del escenario político del país. Habrá que ver si la “unidad” verbal con la que los partidos de la oposición entraron en el proceso electoral, una vez conseguido el objetivo, se materializaría en práctica o no. Aun a pesar de la victoria electoral, la división interna sigue siendo el Talón de Aquiles de la oposición. Para entender bien esta situación basta recordar que la oposición venezolana carece, a estas alturas, de un único líder reconocido por todos los partidos. De igual manera habrá que ver si el singular respaldo electoral a la oposición se repetirá en futuras ocasiones o no. Y Todo esto depende de cómo la oposición quiera administrar su victoria.

Pero administrar los resultados no sólo le toca a la oposición. Al Gobierno de Venezuela le tocaría un análisis más exhaustivo y un estudio mucho más profundo y práctico sobre sus actuaciones para frenar, mediante corregir errores, el avance de su rival. El Gobierno ha de recibir el mensaje del “voto de castigo” del proceso electoral y esforzarse por recuperar el apoyo de la mayoría de la población que ha sido, durante todos estos años, la garantía del proceso revolucionario. Administrar el nuevo escenario por parte del Gobierno significaría emprender un proceso de rectificación, que empezaría antes que nada por diagnosticar y reconocer los errores, y después, mirar el nuevo contexto como un reto más, a los que ha tenido que enfrentarse desde el año 1998. La única diferencia aquí sería que esta vez el instrumento con el que se le ha abordado al Gobierno es la base popular, lo que requiere la extrema precaución de éste en sus futuros pasos para no herir el sentimiento de la gente por una parte, y esforzarse para recuperar su apoyo por la otra.

Analizar los resultados de las recientes elecciones parlamentarias de Venezuela no debe servir de pretexto para obviar el civilizado y democrático ambiente en el que transcurrieron las mismas, caracterizado por el talante democrático de las instituciones venezolanas sobre todo su Gobierno por reconocer inmediatamente, como debe ser, los resultados. La gigantesca ola, interna y externa, de acusaciones que apuntaban, falsamente, una manipulación de los resultados por parte del Gobierno de Venezuela, constituyen las bases de tal reconocimiento.

Y para finalizar: Venezuela se encuentra en una complicada situación económica cuya resolución requiere de un ambiente constructivo y tranquilo entre los dos actores. Más allá de una “comprensible” pero rechazada falta de cooperación de alguna de las partes respecto a la otra, por si pudiera mejorar su posición; si no se acepta la Constitución del país como el único árbitro en los previsibles futuros conflictos, habrá que esperar mucho más todavía esta anhelada concordia.

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