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Jueves, 28 Enero 2016 09:38

Derechos Humanos Islámicos (10)

Derechos Humanos Islámicos (10)
      IRIB- En este programa les familiarizamos con el lugar del hombre en el pensamiento teológico islámico.

 

 

Estimados oyentes en los programas anteriores probamos con diversos argumentos que el derecho de determinar las reglas de los derechos humanos pertenece a Dios, todopoderoso, y que las ideas de los pensadores y sabios, así como la razón humana por sí solos no pueden determinar las reglas de los derechos humanos de todas las personas del mundo. Puesto que el ser humano es el tema de los derechos humanos, en este programa, intentamos explicar el prestigio de la persona en el pensamiento divino del Islam. Este debate tiene importancia para determinar la base de la fundación de los derechos humanos islámicos y revelar las diferencias con los derechos humanos occidentales.

El maestro de Filosofía y comentarista del Corán Alame Tabatabaei, teniendo en cuenta los aspectos naturales de la vida humana, cree que el hombre, de hecho, es una criatura salvaje y no civilizada. La civilización es un fenómeno que se ha impuesto al hombre pero a este le gusta su salvajismo. Las personas en el mundo son agresivas y cuando vieron que las demás también eran violentas, trataron de crear reglas para controlar esa agresión y, así crearon límites para esa violencia. Por lo tanto, si una persona acepta el gobierno de la ley es porque quiere que esa violencia general se convierta en un orden y sistema.
Independientemente de la naturaleza del hombre, su alma está lista para el crecimiento y la excelencia. El sagrado Corán en la aleya 70 de la sura El viaje nocturno dice:

Hemos honrado a los hijos de Adán. Los hemos llevado por tierra y por mar, les hemos proveído de cosas buenas y los hemos preferido marcadamente a muchas otras criaturas.

La dignidad humana indica que las personas, por su existencia, tienen ventajas. En otras palabras, la dignidad humana muestra que el ser humano tiene una calidad superior y suprema y es la mejor joya entre otras criaturas del mundo y por eso Dios después de crear esta joya excelente dirigiéndose a Iblís dice, según la aleya 75 de la sura Sad:

Dijo: «¡Iblís! ¿Qué es lo que te ha impedido prosternare ante lo que con Mis manos he creado? ¿Ha sido la altivez, la arrogancia?»

Esta interpretación recalca que la creación del hombre es obra de Dios, por tanto, muestra que el hombre es una joya preciosa que le otorga dignidad, y por esta misma dignidad, todas las enseñanzas morales, legales tienen que coincidir con el principio teórico y ser compatible con su espíritu. Cuando la gente acepta que el hombre es una joya preciosa creemos que no solo la libertad y la seguridad, etc... son derechos inherentes a la persona sino que hay que interpretarlos y arreglarlos de un modo que sean compatibles con su dignidad. El ser humano es un creyente que busca a Dios y necesita relacionarse con Dios como mendigo. Dios, omnipotente en la aleya 15 de sura El Creador dice:

¡Hombres! Sois vosotros los necesitados de Alá, mientras que Alá es Quien Se basta a Sí mismo, el Digno de Alabanza.

En esta aleya, se revelan dos verdades. Primero, que el ser humano no tiene una existencia independiente. Segundo, que el hombre necesita de relacionarse con Dios y no depender de nadie más. Así que cualquier orden y arreglo legal de las personas tiene que ser compatible con el espíritu divino. El sagrado Corán ha presentado a la persona como un creyente eterno en la aleya 6 de la sura El desgarrón dice:

¡Hombre! Te esfuerzas con denuedo en encontrar a tu Señor y Le encontrarás.

Estas palabras no están dirigidas a unas personas en particular sino para todos en general, porque después esta misma aleya dice que, en el día de la Resurrección, las personas tiene que presentar su informe de hechos, y aquellas que lo llevan en su mano derecha son creyentes y los que lo tienen en su mano izquierda son paganos. Pues en la mirada del Sagrado Corán, los seres humanos son creyentes eternos e inmortales. Obviamente la vida humana no termina con la muerte. Después de la muerte, el alma se libera de su cuerpo y su vida eterna continuará hasta el día que vea a Dios. Así que el hombre en todo este largo camino necesita de normas y reglas que tiene que ser determinadas por Dios.
El sagrado Corán enfatiza que el ser humano es una criatura eterna. Así que Dios, sabio del mundo, ha arreglado el programa de su creyente para todos los periodos de su vida hasta la eternidad y para todas las partes de su vida ha puesto costumbres y tradiciones. La vida individual y social de las personas no depende de la primera coyuntura de la vida humana, es decir este mundo. En el otro mundo también existe vida personal y en grupo pero existen diferencias sustanciales entre la comunidad en el mundo del más allá y este mundo.
La diferencia natural de estos dos sistemas radica en que el hombre no podría en el mundo lograr todas sus necesidades por sí solo. El hombre al contrario de los animales, entra en la vida de un modo que no tiene cubierta ni herramientas, pero los animales desde el principio tienen cubierta, garras, capacidad para cazar, caminar y saltar, pero el hombre al inicio de su vida carece de todas estas posibilidades. Dios en la aleya 28 de la sura Las mujeres se refiere a la debilidad del hombre:

Alá quiere aliviaros, ya que el hombre es débil por naturaleza.

Así que el hombre para el abastecimiento de sus necesidades depende de los demás. Por eso debe vivir en sociedad pero en el más allá no es así. En el otro mundo hay un mantel lleno de lo que necesita para satisfacer sus necesidades y nadie necesita trabajar para su sustento. Cada persona en el otro mundo es invitado de tal mantel que así mismo ha preparado en este mundo. En el paraíso nadie necesita trabajar sino que cada persona, según su voluntad, logra sus demandas y, por supuesto, en este caso, el paraíso tiene alegría y gozo de la vida social. Allá estar cerca de la familia tiene su propia alegría, pero esta identidad colectiva es para gozar no para trabajar y lograr el abastecimiento de las necesidades mutuas.

Tal mismo identidad individual y colectiva del hombre también se ve en el infierno. En el infierno, los miedos del hombre son expuestos sin ningún esfuerzo. Tal como que en el paraíso existen manantiales y árboles y la creación de las bendiciones es el resultado de la demanda de los que están allí, en el infierno, el hombre tiene miedo aunque no tiene que trabajar y tiene listo todo sin esfuerzo pero lo que tiene listo es maldad y fealdad. La identidad colectiva en el infierno es como vivir con cualquier persona que odia. El sagrado Corán en la aleya 68 de la sura María dice:

¡Por tu Señor, que hemos de congregarles, junto con los demonios, y, luego, hemos de hacerles comparecer, arrodillados, alrededor de la gehena!

Uno de los principios de los derechos humanos en el pensamiento islámico es el especial vínculo del hombre con el mundo y su deber respecto a las bendiciones de Dios en este mundo. El eje principal de este pensamiento son los hechos y dichos y su comportamiento bueno o malo en la creación lo que reduce o aumenta las bendiciones del mundo. El hombre en cualquier parte geográfica puede formar su carácter y crea las bendiciones de la existencia. Por ejemplo el Corán sobre el territorio de Hijaz (la Meca) dice que si bien esta región no disfruta de una situación geográfica adecuada y también ha registrado una situación social desordenada, por la existencia de Caaba, es una base importante de la religión divina que disfruta de dos bendiciones: una economía sana y seguridad. Considerando este punto se puede entender que, para explicar los deberes legales del hombre, hay que conocer la relación de hombre respecto al mundo y su deber ante las bendiciones de la existencia.

Queridos compañeros hasta aquí sabemos que el hombre desde la mirada del Corán, es un creyente con dignidad humana, busca a su Señor. Además, el ser humano es eterno tiene dignidad personal y colectiva, tiene una relación estrecha con el mundo y las bendiciones de este mundo están listas para que a través de sus actos logre dichas bendiciones. El hombre está estrechamente asociado con las bondades de este mundo y tiene la potestad de someterlo para poder lograr la salvación. Dios, omnipotente, por la identidad atemporal, eterna e individual y colectiva, a través de los profetas y los libros divinos, ha revelado a la humanidad las reglas para el creyente. El hombre siguiendo las órdenes divinas puede llegar a ser califa de Dios y la prosternación de los ángeles, de lo contrario caerá en una posición más baja que los animales.

 

 

 

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