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Martes, 25 Agosto 2015 10:41

Avicena gran y famoso sabio iraní,(con motivo de conmemoración del Día de Avicena)

Avicena gran y famoso sabio iraní,(con motivo de conmemoración del Día de Avicena)
IRIB- En este programa conocemos un poco más la al eurdito Avicena.

 

 

El estreno de el Médico, basado en el bestseller de Noah Gordon e interpretada por el actor británico Ben Kingsley y Olivier Martinez rescata la figura del sabio persa Avicena. Este personaje histórico fascinó a su tiempo por el dominio y el conocimiento que poseía en todos los campos científicos y filosóficos. Te mostramos su historia.

Entre los años 750 y 1258, los abasíes pusieron en pie un inmenso imperio que supuso el momento de mayor esplendor de la cultura árabe clásica. Teólogos –Al-Ghazali, Ibn Hazm–, místicos –Al-Hallaj, Attar, Ibn Arabi–, literatos –Abu Nuwas, Omar Jayyam–, geógrafos –Al- Muqaddasi, Idrisi– y médicos –Averroes– florecieron al amparo de esa brillante dinastía. Pero entre todos ellos destacó la luminosa figura del persa Abu Ali ibn Sina, más conocido en el mundo occidental como Avicena (980-1037). Sus vastos conocimientos en todas las ciencias deslumbraron a los hombres de su tiempo, ya fueran emires, mendigos o poetas, y su erudición e influencia le convirtieron en Al-Shaij al-Rais, esto es, 'el primero de los sabios'

Aunque había nacido en tierras de Persia, Avicena se expresaba en árabe y era fiel seguidor del Corán. No solo fue un filósofo de conocimientos enciclopédicos que destacó como poeta, científico y matemático, sino también uno de los principales galenos de todos los tiempos, por lo que sus alumnos y seguidores le llamaron el príncipe de los médicos.

A los diez años había acabado sus estudios escolares y podía recitar de memoria el Corán. Su padre le mandó aprender filosofía con Abu Abdallah al- Natili, quien le descubrió a Porfirio, Aristóteles, Euclides y Ptolomeo. Pronto el alumno superó al maestro. A los dieciséis, sus conocimientos de medicina eran completos que fue llamado a palacio para que auscultara a Nuh ibn Mansur, emir de Bujará, cuyos médicos no acertaban a diagnosticar el mal que padecía. Ante el asombro de la corte, Avicena descubrió que el emir bebía en una copa adornada con pinturas que contenían plomo, lo que le estaba envenenado. Agradecido por su pronta recuperación, Mansur le abrió las puertas de su biblioteca, donde el joven galeno encontró una nueva y poderosa fuente para saciar su sed de conocimiento.
Con veinte años, leyó la Metafísica de Aristóteles. Y de ella dice lo siguiente en su biografía: "Sus intenciones eran oscuras para mí". Ajeno al desaliento, leyó cuarenta veces el libro hasta que logró memorizarlo, aunque su esencia se le resistía. Un día que paseaba por el bazar de los libreros compró uno titulado Comentarios sobre metafísica, de Abu-Nasr al-Farabi. "Volví a mi morada y me apresuré a leerlo. En el acto se me revelaron los propósitos que perseguía Aristóteles en su obra, puesto que la conocía de memoria"

En aquellos años, Gurgandj era un importante centro cultural y comercial, en cuyo bazar deslumbraban los rubíes de Yemen, las esmeraldas de Egipto, las turquesas de Nishapur, al noreste del actual Irán, o las perlas del Golfo Pérsico. En los tenderetes de la medina se exhibían corales africanos, la seda que provenía del Turquestán y China, el oro de Sudán, los preciados esturiones del lago Van –en la actual Turquía– y el excelente vino persa, que tanto disfrutó Avicena. Tras nueve años en Gurgandj, el médico abandonó la ciudad coincidiendo con la invasión de la región y de un buen número de territorios persas por el emir turco Mahmud. Avicena se refugió en Gorgan, localidad situada al sureste del mar Caspio donde conoció a Abu Obeid el-Juzjani, quien iba a ser durante un cuarto de siglo su más fiel discípulo. Por entonces el galeno, que tenía 32 años, empezó a escribir su obra maestra, Canon de medicina, que fue traducida al latín por Gerardo de Cremona un siglo después de publicarse, lo que facilitó su difusión en Europa.

En sus cinco volúmenes, el genial persa compiló de forma ordenada los conocimientos médicos y farmacéuticos de su época. La obra fue impresa más de treinta veces entre los años 1400 y 1600, lo que da idea de la trascendencia que Tuvo para varias generaciones de doctores en el mundo musulmán y también en Europa. Avicena fue el precursor de la traqueotomía y el primero que detalló correctamente la anatomía del ojo humano y que explicó con precisión el sistema de los ventrículos y de las válvulas del corazón. "También describió la viruela y el sarampión, enfermedades que no conocían los médicos de la Grecia antigua, e hizo un análisis de la diabetes que no difiere prácticamente del que hiciera el especialista inglés Tomas Willis ocho siglos más tarde", afirma Muhamed S. Asimov, que fue presidente de la Academia de Ciencias de Tayikistán.
De una amplitud variable según las fuentes (276 títulos para G. C. Anawati, 242 para Yahya Mahdavi), de los que se conservan 200, la obra de Avicena es numerosa y variada. Avicena ha escrito principalmente en la lengua sabia de su tiempo, el árabe clásico, pero a veces también en la lengua vernácula, el persa.

Uno de sus textos más famosos es Al Qanun, canon de medicina también conocido como Canon de Avicena, es una enciclopedia médica de 14 volúmenes escrita alrededor del año 1020. Se basa en una combinación de su propia experiencia personal, de medicina islámica medieval, de los escritos de Galeno, Sushruta y Charaka, así como de la antigua medicina persa y árabe. El Canon se considera uno de los libros más famosos de la historia de la medicina.

La obra filosófica maestra de Avicena es al-Shifá (La curación), de marcado carácter enciclopédico. Su compendio es al-Nayat (La salvación). Por su tamaño y por la importancia del papel que representó, al-Shifá puede compararse con al-Qanun. Publicada La Curación en seis volúmenes (El Cairo, 1952-1965), es quizás la obra filosófica de mayores dimensiones hecha por un hombre solo. Empieza por la lógica e incluye física y metafísica, botánica y zoología, matemáticas y música, y psicología.

Es autor de monumentos, de obras más modestas, pero también de textos cortos. Su obra cubre toda la extensión del saber de su época: lógica, lingüística, poesía, física, psicología, medicina, química, matemáticas, música, astronomía, moral, ciencias económicas, metafísica, mística y comentarios del Corán.

La finalidad personal del filósofo encontró su acabado en la filosofía oriental (hikmat mashriqiya), que tomó la forma de la compilación de veintiocho mil temas. Esta obra desapareció de Ispahán en 1034, y no quedan más que algunos fragmentos.

Durante varios siglos, hasta el siglo XVII, su Qanûn ('Canon') fue la base de la enseñanza tanto en Europa donde destronó a Galeno, como en Asia.

Finalmente Avicena murió en el año 428 de hégira lunar cuando era solo 58 años, la tumba de este gran filósofo iraní es en Hamadan una de las ciudades de Irán.

Cabe destacar que el 23 de agosto se conmemora el aniversario del nacimiento de Avicena, el médico persa cuya nombradía llegó a la Cristiandad de la Edad Media y sus dictámenes médicos fue palabra de autoridad a lo largo de la Edad Media, tanto entre musulmanes como entre cristianos. Por eso, es el día que Irán dedica al médico en su calendario, ya que realmente no hay jornada mejor que esta para celebrar el que fuera el médico más grande que haya visto nacer Persia.

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