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Jueves, 04 Febrero 2016 18:28

No puede creerlo 5+audio

No puede creerlo  5+audio
      IRIB- En este programa nos referimos a las falsas acusaciones contra los musulmanes.

 

 

 

Leila conduce su auto Ford en la autopista norteña 13435 de la ciudad de Austin, en el centro de Texas, en Estados Unidos. Es mediodía de un domingo y en la autopista circulan menos coches que en cualquier otro día de la semana. Esta estudiante de 19 años de edad, de vez en cuando, mira la silla de lado para asegurarse de su situación. Sirat, como el primer domingo de cada mes, camina por la calle Navasota, está triste y con los ojos hinchados de tanto llorar, mira un lugar desconocido de fuera. Leila hoy no ha llorado como todos los domingos desde hace cinco años y ahora pensando en tratar de encontrar un remedio para mejorar la moral de los amigos. Ella baja la velocidad del coche y escucha la señal del semáforo. Ese fue un prólogo para invitar a Sirat a almorzar. La impaciencia de Sirat no entorpece el programa de Leila. Leila dice que quiere festejar que su madre le haya regalado un coche por haber obtenido una beca en la Universidad de Medicina de Texas.

Sirat está en la sala de espera del restaurante "Kerby Lane Café". Ella se ató la bufanda fuertemente mientras mira por la ventana en busca de Leila. La encuentre rápidamente por su bufanda. Hace cinco años en un domingo como ese se formó la amistad entre ellas y siempre había utilizado la bufanda como un signo para encontrarse. Leila aparcó su coche e informó a su madre que almorzaría con Sirat y luego entró en el restaurante. Ella miró a Sirat que estaba casi para soltar el llanto mientras acababa su conversación. Y antes de preguntar qué pasaba, la voz de un hombre alto norteamericano, la hizo volver en sí misma.

¿Por qué no regresan a su país? ¿Tienen armas? Bien dispárenme. Leila perpleja miraba al hombre norteamericano de mediana edad cuando se chocó con la cara de Sirat. La siguiente frase del hombre, sorprendió más a Leila. Esta vez también Leila fue abordada por un hombre estadounidense que llevaba botas. "¿Donde están tus armas? Ciertamente has venido a matarnos. Por qué no regresan a su país y nos dejan en paz", espetó el hombre. Leila superando su estado llamó al administrador del restaurante, como el encargado de velar por la seguridad y el respeto de los clientes, pero no logró resultado alguno. Sirat lloraba. El gerente del restaurante invitó a aquel hombre a sentarse en una mesa en vez de a las dos chicas musulmanas de origen árabe. Esa actitud envalentonó al norteamericano y ahora con voz alta se dirigió a las chicas que habían nacido en Estados Unidos y excepto a la estadounidense no tienen ninguna otra nacionalidad. Les gritaba: "¿por qué no desaparecen y se van a su país?".

Leila Abdennabi divulgó el incidente que sufrió junto a su amiga Sirat Al-Nahi, en su cuenta en Twitter. La respuesta a esta publicación fue la crítica de algunos y el silencio de otros, sin embargo, la medida insultante del hombre estadounidense fue tildada de muy fea. Sirat al abandonar el restaurante con Leila, dirigiéndose a las personas en ese local, dijo 'solo para que ustedes lo sepan, se nos dijo algunas cosas muy racistas en este restaurante solo por llevar velo y nadie hizo nada porque ¿a quién le importamos nosotros? Y alguien gritó 'A nadie'.

Durante los recientes cinco años, es el primer domingo del mes que Leila y Sirat han ido dos veces a la calle Navasota. Como la mañana de aquel día cruzaron a pie las puertas del cementerio de Texas. Como siempre, se sentaron junto a dos lapidas que están cerca una de la otra. Pero esta vez Leila también lloraba. Las dos hablaron con sus padres que estaban enterrados debajo de esas lapidas.
Sus padres murieron el primer domingo del mes septiembre cinco años antes cuando intentaban rescatar a un residente de las 300 casas que resultaron quemadas en un incendio mayúsculo de los bosques de Texas. El padre de Leila, a los cuatro años de edad, y el de Sirat a los seis meses de vida, habían abandonado su país y vivían en Estados Unidos.

Leila y Sirat en un día terrible había perdido a sus padres, ambos bomberos, y comenzaron su amistad en las tumbas de sus padres. Desde hace cinco años, la mañana del primer domingo de cada mes, visitan a sus padres. Hoy, ellas dos sienten más dolorosa la muerte de sus padres. Sus padres se sacrificaron para rescatar la vida de gente que ahora insulta a sus hijas solo por llevar su velo islámico y piden la expulsión de su patria.

La explicación del policía Kent Radisson no convence del todo a Rana Elmir. Rana que acaba su conversación con Radisson, un policía de la ciudad de Austin, en Texas, había comenzado con suavidad pero ahora con la voz alta repita su reclamo. Pregunta ¿por qué debería sentirme reivindicada? ¿Por qué se permite que me hagan una cosa así?, ¿por qué habría de hacerlo? ¿Cómo puedes pedirme una cosa así?
Anoche, Rana fue testigo de un ataque de varios blancos contra el propietario de un supermercado cerca de su casa. Rana hoy se personó en la estación de policía local y voluntariamente testificó contra los agresores. Durante la redacción del informe, el policía pregunta a Rana de dónde era. Rana estaba acostumbrada a ese tipo de preguntas. Sí Rana era una ciudadana estadounidense, nacida en Kuwait, pero dijo que sus padres eran kuwaitíes estadounidenses. Esto fue suficiente para que el policía supiera que la mujer que está en la comisaria reportando esas violaciones a los derechos de un ciudadano musulmán de América era en realidad una musulmana. Entonces, el oficial Radisson durante la conversación le pidió a la mujer que demostrara que no tenía tendencias terroristas o extremistas. Al contrario de lo que esperaba el policía, Rana explícitamente se negó a hacer lo que pedía el agente. El joven policía no conocía a esta mujer musulmana estadounidense. Ella es vicepresidente de la Unión de Libertades Civiles de Texas y está muy familiarizada con sus derechos y los límites de la policía. Esta unión, desde el año 1920 hasta ahora ha desempeñado un importante papel para elevar los derechos de los ciudadanos estadounidenses y mantener de este derecho ante la violación de los sistemas estatales. Rana con un sonido que manifestaba su ira e intranquilidad, le dice al policía: "Nadie, puede obligar a una persona que por ser musulmana decir que no es terrorista. Se debe respetar la presunción de inocencia".

Rana, cuidando que su ira no se extienda a su conducta, no terminó su discusión con el policía hasta que llegó el momento de pronunciar un discurso ante una conferencia en la Universidad A & M de Texas. Caminar en campus tampoco había reducido su furia y cuando entró en el auditorio, aún su cara estaba enrojecida. En el marco de una mesa rectangular que estaba al lado de la tribuna se veían conocidos profesores de Derecho de Texas. Rana también se sentó al lado de ellos. Cuando otros estaban escuchando las declaraciones de los conferenciantes que precedieron a Rana, ella estaba escribiendo detrás del escritorio. Es el turno de Rana. Deja los documentos que había preparado los días anteriores y, con un pequeño trozo de papel, está detrás de la tribuna.

Ella empieza su conferencia diciendo "me niego rotundamente a condenar el terrorismo para demostrar mi patriotismo". Una frase que posteriormente se convirtió en un artículo en el diario Washington Post. Rana que está molesta por el comportamiento de la policía, dice: "no estoy de acuerdo con el terrorismo pero hasta ahora nadie me había pedido que para probar mi patriotismo tuviera que condenar las masacres que los blanco cometen en Estados Unidos, pero porque soy musulmana me obligan a condenar la masacre que un grupo ha hecho bajo el nombre del Islam". Rana continúa: "Cómo solicitarnos que pedimos disculpas por la violencia que ha dejado huérfanos a generaciones de musulmanes y tiene el efectos perversos entre nosotros. No hay otro escenario aceptable en el que los medios de comunicación, políticos e incluso nuestro presidente insta y esperar que las víctimas pidan disculpas públicamente para derrotar la ideología que contribuyó a su propia persecución".
Desde el año 2000, la mayoría de los ataques terroristas se han producido en cinco países — Irak, Afganistán, Pakistán, Nigeria y Siria, todos los países de mayoría musulmana. Cerca del 90 por ciento de las víctimas del grupo terrorista Daesh son musulmanes. Un estudio realizado en 2009 por el Centro de Lucha contra el Terrorismo (CTC) de la Academia Militar de EE.UU. en West Point concluyó que Al-Qaeda ha matado a ocho veces más musulmanes que no musulmanes. Rana prosigue: "nosotros los musulmanes somos doble víctimas del terrorismo. Por un lado, los musulmanes más que todos han muerto en los ataques terroristas y, por el otro, más que cualquier otro grupo es acusado de cargos de terrorismo y, en consecuencia, han sido objeto de restricciones y violaciones de sus derechos".

Rana dice a los profesores de Derecho que mientras el número de crímenes de odio reportados al FBI cayó en 2014 en la mayoría de las categorías, el número de crímenes de odio contra los musulmanes se incrementó. Los musulmanes estadounidenses experimentaron cinco veces más el número de crímenes de odio que antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Rana Elmir concluyó su conferencia con unas palabras del presidente del Centro Islámico de Texas: "puedes odiar el terrorismo pero no puedes odiar a los musulmanes o ser obligado a odiar a tu médico, enfermera, la maestra de tus hijos, vecinos, colegas, compatriotas y amigos".

 

 

 

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